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  • Karen Padilla

Reglas del enojo

Actualizado: 2 de may de 2018

REGLAS DEL ENOJO

KAREN PADILLA


En el articulo pasado, escribí sobre cómo entender la manera en la que nos enojamos y para qué nos enojamos. Esa es la parte sencilla, es el darme cuenta. El enojo tiene ciertas reglas que promueven el enojo asertivo.


En primer lugar es validar el enojo, tanto en mí como en ti. Es decir, si algo me hace enojar, para qué me engaño y engaño a los demás usando la frase común de “no pasa nada”, eso es mentira, “sí pasa”. Y este suceso requiere de mi atención. “No es para tanto, no importa” mentira, “sí importa”. Importa tanto que incluso físicamente tengo ciertas reacciones de malestar en el cuerpo. Entonces sí importa y requiere una acción.



El siguiente paso es descargar físicamente el enojo. ¿Qué? ¿Cómo?. Sí, el enojo es energía, y tiene que ser liberado, si no se acumula y no es una energía positiva. Descargar el enojo no quiere decir agredir o golpear a un ser vivo, quiere decir hacer una catarsis de esa energía, pues de esa manera la mente se “enfría” y es posible pensar más certeramente. Este punto es esencial aunque muchas veces se le da poca importancia. Descargar en ocasiones tiene que posponerse porque no se puede hacer en el preciso momento pero es necesario. Algunas opciones son gritar, correr, golpear un almohadón o costal de box, llorar. Una vez que “vaciamos” ese enojo entonces podemos llegar a preguntarnos lo expuesto en el artículo pasado.


Los primeros dos puntos son realizados como trabajo individual (incluso validar el enojo del otro, es algo que se hace de manera personal) y los siguientes pasos ya incluyen a la persona o el suceso.


Las reglas del enojo son:


Con la persona correcta.

Cuántas veces nos pasa que estamos enojados por algo que nos sucedió y terminamos peleándonos con alguien que no tenía nada que ver con lo que nos enojó inicialmente. Cobramos facturas. Es decir, me enojo por cosas del trabajo, del tráfico, etc y llego a casa a rematar con mi esposo, hijos o gente cercana que nada tenían que ver. ¿Te ha pasado? Estos son ejemplos de cosas inmediatas, pero hay enojos que hemos cargado por años, AÑOS. Y constantemente rematamos con personas que no tienen nada que ver, personas con las que tenemos situaciones similares que nos desatan en el inconsciente el recuerdo de lo que nos sucedió y entonces el enojo es desproporcionado a la situación real. La primer regla del enojo es con la persona adecuada. Es decir, mis asuntos los arreglo con la persona con la que tengo el conflicto, no con quien esté cerca para cobrársela.


En el lugar adecuado.

Ser asertivos es saber cuándo discutir o exponer el enojo. Por ejemplo, en temas de pareja, demostrar el enojo, discutir, etc. Frente a los hijos no es el lugar adecuado, pues ellos no tienen que ver en eso, y aunque se los digamos, ellos absorben muchos de los problemas. En el trabajo, el lugar para demostrar mi enojo hacia por ejemplo, tu jefe, frente a todos los demás compañeros no es el lugar adecuado, sino buscar uno privado donde se resuelva quien tiene que resolver.


En el momento preciso

Buscar el momento es importantísimo, (lo ideal sería después de haber hecho una descarga física para liberar tensión y estar más concentrados en lo que queremos) el momento incluye calibrar mi estado emocional y el de la otra persona, pues si yo me acerco a comentar mi enojo cuando la otra persona no está en disposición de escuchar, se siente alterado, está atendiendo otros problemas, etc. Con mucha probabilidad no habrá la respuesta esperada.

Con frecuencia me encuentro con pacientes que cuando por fin deciden exponer su necesidad o molestia, lo hacen de manera impulsiva y sin buscar el momento preciso por lo que no les funciona y aumenta la frustración.

Algunos autores proponen tener momentos de ventilación, que es un ejercicio donde una persona expone su malestar (sin acusar, enjuiciar o reclamar, simplemente exponer el malestar) y propone soluciones para dejar de sentir ese malestar. La otra persona escucha sin interrumpir y una vez que ha terminado quien expone el malestar, el oyente responde sus propias propuestas y encuentran un arreglo.


De la forma adecuada

Comunicar. Comunicar es la forma adecuada. Qué fácil suena, verdad? Pero es la verdad. Cuántas veces no escuchamos la típica “conversación” de ¿qué tienes?, nada, ¿estás molesto/enojado?, no. Y la persona que se niega a comunicar su enojo piensa “ya sabe que estoy enojado y además sabe sobre qué”. El otro, por más que nos conozca, no es adivino. Aún y cuando en verdad sepa con toda claridad qué te ha molestado, es tu legítimo derecho y deber comunicarlo, claramente y con todas las letras. Entrar a este juego de estira y afloja lo único que genera es más frustración, menos comunicación y cero resultados. La forma adecuada es exponer tu enojo, explicar tu necesidad y esperar a que el otro responda qué piensa y cuál es su necesidad para así llegar a acuerdos.


Enojarse asertivamente definitivamente es de dos, porque siendo honesta, cuando veo un paciente trabajar en su persona, también va a verse con la dificultad de trabajar con la resistencia del otro. Pero el enojo asertivo requiere práctica y entrenamiento, no es algo que se da así nada más. Es un ejercicio de escuchar-me, escuchar-te y escuchar-nos. Menos gritos, más silencio. Menos egoísmo, más empatía. Curiosamente, en el enojo asertivo, entre más me enojo, poco a poco, menos me enojo.

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