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  • Karen Padilla

¿Está bien discutir con mi pareja?

Actualizado: 2 de may de 2018

¿Está bien discutir con mi pareja?

Karen Padilla


Pasó el 14 de febrero, día donde muchos se esfuerzan por hacer algún detalle o festejar con la pareja, o que dicen que no necesitan esas fechas para demostrar detalles (en algunas personas este comentario es real, en otras… no tanto). Llegan los siguientes días, vuelves a tener un descontento o un trago amargo y te preguntas ¿Es normal pelearnos tanto?.


Me apasiona la terapia de pareja porque me parece maravilloso cómo se puede transformar una relación gracias al trabajo en individual y en conjunto, es aprender a aceptarte a ti mismo y a tu pareja tal y como son, es vivir la frase de la Gestalt que compartí en el artículo pasado, donde hay un respeto de que tu eres tu y yo soy yo y no venimos al mundo a complacer al otro. No me ha tocado ver una pareja que viene a terapia porque está “bien” (estaría excelente porque mejorarían aun más su relación, pero siendo honestos, no tenemos el hábito de ir a terapia cuando nos sentimos felices), y cuando platico con las parejas o con uno de los miembros, continuamente escucho que “se pelean mucho” y ahí es donde empiezo a indagar para entender a qué se refieren con peleas.


Pelear y discutir no son la misma cosa.

Pelear son dos personas gritando, hablando fuerte, molestas, llorando, desesperadas o emberrinchadas como niños chiquitos por conseguir lo que quieren. Hay agresión en diferentes grados, en ocasiones insultos, lágrimas y mucha rabia. Pelear son dos egos luchando por el poder.

Discutir son dos personas adultas que pueden estar enojadas, tristes, etc. Son personas que intentan que el otro entienda su punto y están dispuestas a escuchar el punto del otro. Quieren generar nuevos hábitos, compromisos o acuerdos.


Discutir te permite comunicar tus necesidades y tus límites. Discutir te permite escuchar al otro de una manera honesta.


A veces, con el fin de “obtener del otro lo que quieres” buscas nuevas estrategias para conseguirlo, hablas bonito, llevas a tu pareja a cenar para hablar en un lugar neutro, etc. Pero no necesariamente estás siendo honesto contigo o con el otro, pues al fin y al cabo estás expresando tu molestia en la espera de que el otro cambie. En otras ocasiones, cuando discuten es porque van a hablar de una manera más auténtica, no necesariamente utilizarán la mejor forma pues para eso hay que trabajar con las emociones, pero al menos si puedes expresar tu descontento y comunicar de qué manera te afectas con eso. Con el paso del tiempo, las parejas pueden adquirir mejores hábitos para tener maneras más efectivas de comunicación, pero muchas veces que las dos partes se atrevan a discutir es el primer paso.



En una pelea de pareja, no hay culpables, ambos tienen responsabilidad en la relación.


Muchas veces pacientes míos vienen jugando el rol de la víctima, de que el otro le hizo tal o cual cosa. No siempre en la primera sesión el paciente será capaz de darse cuenta de su rol en la relación, o dejar el impulso de buscar un culpable y un inocente. Encontrar al culpable no trae ninguna ganancia sino sentimientos de culpa por un lado y a veces de rencor por la otra. Poder mirar nuestra parte responsable nos acerca a dejar de buscar la culpa en el otro y concentrarnos en qué queremos hacer en adelante.


Llegar a acuerdos nuevos es la solución del conflicto.

Los acuerdos son el equivalente al código de cada relación. Ninguna es igual, pues no todas las personas tienen las mismas necesidades ni los mismos límites. Llegar a acuerdos donde las dos partes están conformes y dispuestas a dar de sí mismos es la forma sana en llevar una relación. La sociedad y la familia impregnará o moldeará la relación tanto como las dos partes lo permitan, pero al fin y al cabo es tarea de ambos crear estos acuerdos y poner de su parte para llevarlos acabo.


Discutir todos los días tampoco es sano.

Hay que tener una balanza, si se discute a diario es porque acuerdos muy profundos no están bien establecidos o los que ya están puestos no están siendo respetados. Cuando das por hecho lo que el otro quiere de ti estas asumiendo, por eso hay acuerdos que “se dieron por un hecho” o que parecían obvios y por eso nunca se verbalizaron, pero comunicarlos es importante pues solo así podemos asegurarnos de que entendemos las necesidades y prioridades del otro. El ideal sería poder decirle al otro lo que te gusta y lo que no, así como plantear tus necesidades y el otro escuchar y exponer lo suyo sin necesidad de discutir, pero para ello se requiere trabajo personal y madurez en la pareja, porque la edad no necesariamente es un factor, pues conozco gente que tiene treinta años de casados y siguen discutiendo igual, o cada vez peor.


En las discusiones no hay un solo ganador, si no ganan los dos no gana ninguno.

Este último punto es crucial, pues cuando se inicia un pleito buscando que uno de los dos salga ganando es iniciar el pleito perdiendo. La relación es de dos y ambos buscan la felicidad propia y del otro, cuando solo se consigue la de un miembro el asunto no resolvió del todo. En terapia de pareja el terapeuta no es un referi que decide quien gana o le da la razón a alguno de los dos (sin importar que haya hecho cada uno), el terapeuta es un punto neutro que promueve la descarga de emociones de una forma sana y acompaña en la resolución de conflictos, buscando siempre acuerdos creados por los dos donde ambos pongan de su parte.





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