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  • Karen Padilla

¿Comes emociones?

¿Te comes tus emociones?

Karen Padilla Anaya


No siempre comemos porque tenemos hambre. Existen muchas otras razones o “necesidades” que surgen dentro de nosotros y de manera consciente o inconsciente buscamos satisfacer con comida. Realizar esto, resulta un placebo para la verdadera necesidad, y si bien aparentemente funciona en el momento, a la larga deja de funcionar y por el contrario, si esta costumbre desencadena en enfermedades la “solución” termina siendo el síntoma de un nuevo problema.


Cuando el impulso tras sentir tristeza, enojo, aburrimiento, soledad, etc, es comer, el problema no está siendo tratado ni estás enfrentando la emoción, solo alimentándola literalmente con comida, donde a manera de círculo vicioso cada ve que sientas esas emociones recurrirás a la aparente solución satisfactoria del momento.

“Si dejamos de alimentar al niño maltratado que hay en el interior del adulto solitario podremos nutrir el amor y dar lugar a la intimidad.
De esta manera liberaremos el dolor de la vida pasada y nos instalaremos definitivamente en el presente. Sólo si nos concedemos un espacio para la intimidad y el amor aprenderemos a disfrutar de la comida y dejaremos de usarla como un sustituto”. Geneen Roth

La psicóloga Ana Muñoz menciona algunos síntomas para detectar fácilmente si comes por hambre o por emociones:


-Cuando el deseo de comer es emocional, surge de manera repentina e intensa, mientras que cuando es natural surge poco a poco

-Comer por motivos emocionales (especialmente por la cantidad y poca calidad) viene acompañado de un sentimiento de culpa

-Cuando es emocional el antojo es principalmente algo rico en grasas o azúcar, como pizza o helado, cuando es natural el hambre es casi de cualquier cosa, incluyendo vegetales.

-Cuando es emocional hay mucho menos control de la cantidad


¿Cómo se puede trabajar sobre esto?


1- Descubre los desencadenantes

Existen multiples razones por las que el hambre emocional se desencadena, como emociones negativas, estrés, método de solución aprendida desde la infancia, soledad, vacío, tristeza, etc.


2- Maneja esos desencadenantes

Comer es una forma de consentirte, de llenar vacíos. Busca maneras diferentes de hacerlo, formas positivas de solucionar conflictos.

Resuelve con un acompañamiento profesional estos desencadenantes y vacíos.


Finalmente, comer de manera emocional es un hábito aprendido que puede ser “desaprendido” y “reaprendido”.

Por ejemplo, muchos niños aprendieron a relacionarse con la comida a manera de premio, si se portaban bien o hacían tal o cual petición de los padres los recompensaban con dulces, pasteles, helados. De la misma forma, si se portaban mal o por mera tradición generacional, se generaba un vínculo negativo con ciertos tipos de comida (sobre todo los saludables) en el que no se podían parar de la mesa hasta terminarlo.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo aprendemos desde niños a relacionarnos con nuestros alimentos, pero así como aprendimos ese vínculo podemos reaprenderlas a una versión más actual, más adulta y más positiva.


Un experto puede ayudarte en este proceso, aunque tu puedes comenzar por llevar un Diario de Alimentos donde registres día tras día todos y cada uno de los alimentos que ingeriste, qué te llevó a hacerlo y que emoción sentías antes, durante e incluso después de haberlo ingerido, así como una Bitácora del Hambre, donde registres cuando sí tienes hambre y cuando comes por otra situación.


Sobre todo, cuando sientas hambre, pregúntate ¿Tengo hambre de qué?

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